Es muy sencillo: si no eres un político, no pierdas el tiempo leyendo, escuchando o estudiando la obra de D. Antonio García-Trevijano. No lo vas a entender jamás. Nunca.
Si no lees libros sobre la mecánica del automóvil porque no trabajas en un taller, si no escuchas hablar de entomología porque no te interesa, por el mismo motivo, no pierdas el tiempo leyendo o escuchando lo que nunca vas a comprender.
Si durante el fraude de 2020, cuando todos fingían que había una epidemia tú callabas para no discutir, para no meterte en líos, para evitar la polémica, es muy fácil: no leas a Trevijano. Tienes miedo a la política.
Si crees que hablar de la catástrofe sucedida en estas fechas en Valencia, cuya causa no tiene nada que ver con la política, es lo que debes de hacer; pero sin embargo no quieres entender que el fraude del año 2020 era algo exclusivamente político, cuya causa era única y exclusivamente política y específicamente por razones del Estado, entonces es muy fácil: no leas a Trevijano.
O si crees que la tragedia de Valencia es una oportunidad para que caiga el Régimen del 78. Como eso significa que no tienes ni idea de política, ni la mas remota, y que además eres vulgarmente miserable, parte de la chusma mas canalla y despreciable, entonces es muy fácil: no leas a Trevijano.
Si crees que “sólo el pueblo salva al pueblo”, entonces no leas a Trevijano. No es para ti.
Si no eres un político, no leas a Trevijano. No pierdas mas el tiempo.
Si no sabes que D. Antonio García-Trevijano tuvo muchos ayudantes, pero ni un solo discípulo que no fuese político, entonces es muy fácil: no leas a Trevijano. Porque atrajo a artistas, a actores de teatro, a profesores, a académicos, a doctores, a periodistas y escritores. Incluso a músicos y poetas. Pero en cambio, ni uno solo de sus discípulos ha sido nunca ninguna otra cosa que un político. Es más, quizás algunos, muy pocos, lleguen a ser repúblicos. Pero ninguno que no fuese un político.
Si no sabes que D. Antonio García-Trevijano invitaba a sus programas específicamente a las personas mas opuestas, de diversas ideologías o discrepantes con su teoría, para confrontar su pensamiento con ellas, entonces es muy fácil: no leas a Trevijano.
Si no sabes que la obra de D. Antonio García-Trevijano está dirigida única y exclusivamente a los políticos, a una futura sociedad política española que actúe frente al Estado, entonces es muy fácil, no leas a Trevijano.
Si crees, como todos los pedantes, que el origen de la democracia está en la antigua Grecia, entonces es muy fácil: no leas a Trevijano. Lo único que pertenece a aquella primitiva cultura es la palabra. Y ni siquiera fue nunca de uso frecuente. Salvo unos pocos filósofos, nadie la empleaba. Nunca. Para los griegos su forma de organización era la politeia, no la democracia. Ni siquiera hubiesen podido concebir el principio representativo que caracteriza a la democracia como forma política, y menos todavía lo que significa la separación de poderes, porque esto solamente es posible si antes hay algo que los griegos desconocieron: el Derecho.
Si crees que España es como una empresa, si crees que el Estado es un padre que debe de ayudarte en tus desgracias, si no piensas que el Estado es y siempre será un mal, entonces es muy fácil: no leas a Trevijano.
No leas a Trevijano si crees que la política es una profesión o un empleo, no lo leas si piensas que el problema son los políticos y no la clase estatal. No lo leas si crees que en España hay democracia. No lo leas si piensas que la política tiene relación con lo que hoy en España se denomina con ese nombre y que en realidad no es mas que la fama de un espectáculo.
Si no eres un político, no leas a Trevijano. No pierdas mas el tiempo.
Pero sin embargo, si entre todo lo que has escuchado alguna vez, si en algún momento oyendo alguna charla de D. Antonio García-Trevijano te diste cuenta de que la Libertad era algo, que esa palabra significa algo que no hay en España, entonces solamente tienes que hacer una cosa muy sencilla: NO VOTAR. Desentiéndete de la política como lo hacen todos los votantes, que se ocupen otros. Pero tú no votes. No es necesario que te indignes, pero no acudas cuando te llamen a votar. Deja de apoyar la corrupción.
Así pues, no leas a Trevijano. Sigue evitando la política. Pero no votes. No te rebajes a ti mismo hasta ese extremo bochornoso en que se degradan los votantes de un Estado de los Partidos. Piensa en la Libertad. Al menos no pierdas tu dignidad como lo hacen todos los mamarrachos que votan en España, la gente que llevó puesto dos años un bozal por razones del Estado. No votes. Por lo menos, si no eres un político, no seas totalmente idiota.