Algo está cambiando en las conciencias de las categorías sociales que más tiempo dedican a informarse sobre la situación política. Crece visiblemente el número de personas que, en estos días posteriores a la gran abstención electoral, se interesan por conocer la opinión de los que tienen fama de expertos en esta materia. Se palpa en los ambientes públicos un estado de inquietud, ante el futuro político de España, que no se conocía desde los tiempos de la gran corrupción de . Entonces se oyó sonar por primera vez desde la guerra civil en el Paraninfo de la Universidad.

Los grandes empresarios de la opinión, dominadores de los en tanto que señores de los mismos, no conocen la de la , ni las instituciones que la fundamentan. Y el periodismo de la no tiene experiencia en el análisis de aquellas situaciones nuevas que hacen dudar del vigor de las actuales instituciones partidistas.

El periodismo generado por la Transición, a causa de la falsedad sistemática de la misma, no ha podido ser objetivo, ni valiente ni sincero. Se ha hecho experto conocedor de lo conocido, y temeroso ignorante de lo por conocer. Lo demostró con su miedoso análisis del frustrado golpe monárquico del 23 de febrero, y con su imprevisión del carácter político de la huelga general contra el gobierno socialista, la más importante en un país europeo desde el final de la guerra mundial. Y lo vuelve a mostrar ahora con sus estúpidos criterios sobre las causas de la abstención, y con las absurdas reformas de la ley electoral que propone para seguir enajenando de la política a los ciudadanos y asegurando el porvenir de la y de la corrupción.

Los periodistas de influencia en la opinión han triunfado por su condición de expertos en el conocimiento del Régimen de poder que les da fama y riqueza. Son peritos de la supervivencia de la sinarquía de partidos y los nacionalismos bajo capa de armiño. Y no serán ellos los que hagan peligrar el montaje de este artificio.

La falta de periodismo de la verdad y de la responsabilidad ha producido, en España, consecuencias más graves que en otros países europeos de mejor tradición cultural. Pues ha provocado que no exista una opinión pública digna de este nombre, y que las categoría sociales más informadas no sean las más instruidas.

Por ello, en los ambientes mas dinámicos de la se confunde el análisis de la situación postelectoral, relativa a la nueva relación entre las fuerzas políticas gobernantes en el espacio municipal y autonómico, con el análisis del momento político, relativo a la modificación de los sentimientos de la sociedad gobernada, respecto de la lealtad al régimen de poder partidocrático que la domina sin representarla ni escucharla.

Es natural que la gran abstención acapare los debates en todos los medios de comunicación. Y también lo es que los opinantes no vayan más allá de los defectos de una ley electoral que prohíbe la representación de los electores. Los más ignorantes quieren cambiar las listas cerradas por las listas abiertas, sin saber que son la misma cosa, pues ninguna de ellas permite la representación de la sociedad ni de los electores. También las listas abiertas están sujetas al mandato imperativo del partido que las hace y las abre. La experiencia realizada en Italia demostró que solo un tres por ciento del electorado modifica las listas propuestas por el partido.

Todo lo que no sea suprimir el sistema proporcional consagrado en la , para sustituirlo por el mayoritario en distritos pequeños, a doble vuelta (como en Francia), está condenado de antemano al fracaso representativo y a favorecer el aumento progresivo de la abstención. El abstencionariado ha sido el factor cualitativo que ha expresado el aumento de intensidad en los sentimientos de rechazo de la clase política generada por la Monarquía de Partidos. El momento político se define por la intensificación de la inseguridad en sí misma de la clase gobernante; por el miedo a la libertad en los periodistas que se refugian en reformas de fantasía para eludir el tránsito a la democracia; y por la esperanza ciudadana de llegar pronto a la democracia representativa con la .

Puede ver un pequeño resumen de la biografía de D. Antonio García-Trevijano en este enlace.
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