Independencia de Marbella

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Antonio García-Trevijano
Antonio García-Trevijano

ANTONIO GARCÍA-TREVIJANO.

Mucha gente se pregunta hoy cómo ha sido posible que a la dictadura del miedo haya podido sucederle -con las libertades- la corrupción, el crimen de Estado y la extensión del terrorismo. No entiende por qué la Transición, conducida por sujetos tal vez inteligentes aunque su obra lo desmienta, ha consistido en pasar, desde la exageración represiva de que hizo gala el nacionalismo central, a la exageración permisiva de derechos de soberanía en los nacionalismos periféricos.

Así como el chiste encuentra su gracia en lo grotesco de la lógica insospechada de lo real, la petición de Independencia para Marbella resulta cómica no por ser más extravagante, inverosímil o infundada que la de Cataluña o Galicia, sino por responder con fidelidad a la absurda idea dominante de nación y a la realidad de la dinámica nacionalista. Si el partido andaluz defiende la autodeterminación de Andalucía con el mismo derecho democrático que los partidos nacionalistas de Cataluña, País Vasco y Galicia, ¿por qué negar ese derecho a los ciudadanos de Marbella? Si la Secesión es, como dicen los liberalísimos, un derecho natural de todos los pueblos, ¿acaso no tiene Marbella más fisionomía de pueblo que Andalucía o Cataluña?; ¿se puede dudar de que ha hecho más patria que nadie por metro cuadrado?; ¿no es la idea marbellí un proyecto sugestivo de vida en común y de unidad de destino en lo universal de veraneo?

Cuando Napoleón raptó y fusiló al duque de Enghien en 1804 cundió por Europa la frase acuñada por el Consejero de Estado La Meurthe y difundida por Talleyrand: «es peor que un crimen, es un error». Pocas veces una frase brillante responde, como ésta, a una idea certera. Las consecuencias políticas de los errores de principio son aún más criminales que el mismo crimen que los comete. El crimen pasa, el error permanece. Hasta que lo elimina el error opuesto, reproductor de condiciones propicias al crimen contrario. En los cambios de Régimen, la impunidad de las culpas personales se paga con represalias de los sentimiento colectivos sobre sus propias emociones justificantes de anteriores crímenes. Y no hay modalidad de represalia, aún en la forma aparentemente civilizada de Instituciones opuestas a las represivas, que no lleve, en su sino permisivo, salvoconductos de impunidad a nuevos crímenes. El derecho de autodeterminación, el mayor error que quepa imaginar respecto a España, conduce llanamente al crimen.

En virtud de la ciega ley sentimental del péndulo, el error básico de la Transición cuajó como reacción mecánica al error sustantivo del Régimen anterior. Un historiador de renombre como Toynbee hizo de la acción-reacción, del estímulo-respuesta, el motor dinámico de la historia cíclica de las civilizaciones. De este modo torpe, el error reclama al error contrario. Y al error sucede el error. La justicia y la libertad son sacrificadas a la necesidad emotiva, propia del infantilismo, de corregir un error mediante el error opuesto. A la exageración de un defecto no la compensa el equilibrio de la ecuanimidad, sino el contrapeso de la exageración del defecto contrario.

Lo que puede ser explicable en la reacciones espontáneas de las masas, deja de serlo en las acciones de la clase dirigente. Sin pura ambición de poder no se explica el desvarío nacionalista ni la vergüenza de ser español, que dieron oportunidad histórica a la arribada de élites tan mediocres como perversas. Los errores de la dictadura, siendo de bulto, no requerían incurrir en otros, tanto o más grandes, para poder subsanarlos. Franco hirió de suma gravedad al sentimiento de patria y nación española. La Monarquía de este funesto Estado de Partidos, en lugar de sanarlo, lo deja morir para que oligarcas nacionalistas secesionen los miembros vivos de un cuerpo inerte.

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Ana Soto

Me gustaría hacer una pregunta al señor García Trevijano. Si Portugal es un país independiente de España, después de haber formado parte del reino. ¿Por qué Cataluña no puede serlo? Si en la respuesta se da como explicación enlaces monárquicos, institución que el señor Trevijano denuncia, será una contradicción de ideales. No pregunto para contradecir nada. Sino para recibir una respuesta contundente que me haga cambiar de opinión. Porque yo soy producto de una educación la cual me ha inculcado en el colegio, que España es España, por la unión de los reinos y no por sentimiento de unidad o cultura en común. Disculpen si no he podido explicarme correctamente.

Tania188

@Ana. España es España como nación por los hechos históricos como son las guerras, catástrofes naturales, relaciones culturales, económicas, etc… Las naciones no se crean, nacen de los hechos no predecibles y sus consecuencias las unen, una nación creada artificialmente es un fracaso 100% seguro…
Lo que Trevijano expone es que Cataluña como pertenece y es parte de la nación de España no tiene el derecho a la autodeterminación, menos aun a la separación por voluntad sin el consentimiento de la nación. Otra cosa es que la sociedad política mienta a la sociedad civil para luego declarar la lucha armada contra España. Vamos!!! una locura, un atraso y una salvajada por parte de los dirigentes neofranquistas (toda la casta política estatal y por encima de ella la monárquica), que utiliza a la civiles para lograr los fines avariciosos de poder en un conflicto entre oligarcas…
Les doy las gracias a D. Antonio G-T. y a Federico U. por los buenos ratos en RLC.
Saludos desde Dinamarca…

Isidro

Te respondo yo, al margen de que pueda hacerlo otro, Portugal se separó de España por la fuerza, con una guerra Se autodeterminó de hecho, no de derecho.

Cataluña se podría independizar de igual manera, por la fuerza…si tiene la fuerza y el apoyo necesario para una empresa de ese calibre

Paco Bono

Qué placer es para mí, leerle y escucharle. Muchas gracias, de corazón, en mi nombre y en el de mi familia.