¿Por qué se corrompe la izquierda?

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Antonio García-Trevijano
Antonio García-Trevijano

ANTONIO GARCÍA-TREVIJANO.

La versión oficial, aparte de falsa, contradice el concepto mismo de corrupción. Por ello es increíble. La corrupción no consiste en un acto personal de inmoralidad o una suma de casos aislados. Para merecer la categoría de corrupto no basta con transgredir la moral de manera habitual. Se necesita además llevar una doble vida, en la que el mal modo privado de vivir sea compartido o conocido por el estrecho círculo social donde se desarrolla la vida pública buena del corrupto. La corrupción sólo escandaliza a la sociedad exterior a ese círculo. En cuyo interior no es más que una falta de pericia. Es el meollo de la corrupción social y de la política. Sin la primera es imposible la duración de la segunda. Aunque ésta sea la causa original de aquélla. Para saber el origen de la corrupción española conviene echar una ojeada a otros tiempos y lugares, en busca de una causa histórica común que pueda explicar lo que nos pasa. Bajo Franco, se diga lo que se diga, no hubo corrupción de los poderosos por la simple razón de que no la necesitaban. La moral pública era una imposición de su moral privada. Continuación, por otros medios, de una moral de victoria bélica. Todo lo inhumana que se quiera pero, al fin y al cabo, una moral. Como la ética de los griegos que prosperó en una moral de esclavitud.

La corrupción parlamentaria vino con Jorge I, un alemán que fundó la actual dinastía inglesa comprando diputados de izquierda hasta lograr mayoría en el parlamento. Esa duradera corrupción mudó la monarquía constitucional en la parlamentaria que hoy tenemos. La corrupción mundanal fue la del Directorio francés. Los renegados de la izquierda jacobina y de la legitimidad monárquica formaron por consenso, a la muerte del dictador, un bloque social con banqueros y especuladores para suprimir la intervención estatal, dar autonomía al Banco emisor y fundar el Estado liberal. La corrupción prebendaria es la del presidente Jackson. Un demagogo que repartió entre sus fieles los empleos de la Administración, y que canceló el Banco federal para dar la administración de los fondos públicos a la oligarquía bancaria que lo apoyaba. Esta corrupción retrasó tres cuartos de siglo la Reserva Federal y obligó a establecer el consejo de gobernadores que ha inspirado al Banco europeo de Maastricht. La corrupción patrimonial se instala en México con el reparto de fincas a los generales de la revolución y la «mordida» institucional del PRI. Y, por fin, la universal corrupción del Estado de partidos, la italiana.

El caso español es un magnífico compendio de todas ellas. Toma de la inglesa la unión de intereses entre una nueva monarquía y una vieja izquierda. De la francesa es una repetición: modales mundanos de un consenso entre renegados de la dictadura, de la oposición clandestina y de la legitimidad monárquica, con los círculos financieros, para liberar al mercado del proteccionismo estatal. De la americana imita el sistema prebendario y la inclinación del Banco de España ante los intereses del clan bancario. De la mexicana aprende que no necesita tener finalidad histórica. Y de la italiana coge todo, incluso las técnicas de fraude, salvo el fomento de la economía sumergida. ¿Por qué la izquierda tiene que corromperse? Para conquistar la hegemonía política en la sociedad no lo necesita. Pero, sin propósito de cambio social, no sabe gobernar. Busca experiencia empresarial y apoyo de los medios de comunicación. Y mediante la corrupción como factor de gobierno conquista la complicidad financiera y editorial que da estabilidad política a su programa de derechas. Salvo las del Banco de España, capital financiero y televisión, las demás corrupciones son superfluas ambiciones personales de enriquecimiento, y de fraude partidista, en el Estado de partidos de una sociedad sin ideales y sin separación de poderes. O sea, sin frenos morales ni institucionales a la corruptibilidad.

EL MUNDO. LUNES 25 DE ABRIL DE 1994


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Gonzalo

El Estado de partidos,en esta Monarquía parlamentaria y borbónica, paga con idéntico desprendimiento a los partidos de derechas y de izquierdas.A excepción de la pomposidad,sus programas de Gobierno son clavados.La cifra entera de los perjuicios es más alta que el despilfarro electoral.El precio de esos perjuicios es adeudado en el precio que ha de desembolsar el Estado,osea,en los tributos de los que contribuyen a la cosa pública.Robar para el partido,manera institucional de la corrupción,es más falso y malo para la sociedad,por la importancia de sus efectos en los logros electorales y en la política rlegislativa,que robar en provecho de personas individuales.La financiación indebida de los partidos es una excusa personal para el lucro ilegal de sus afiliados.Hay que sacar a los partidos políticos del Estado y ponerlos en su sitio,en el seno de la sociedad cicil.

nicolás

No hay lugar en el mundo dónde la izquierda al tomar el poder haya sido mucho menos corrupta que los regímenes que les han precedido y ello se debe a una razón muy simple. Dicen que traen la libertad y acaban imponiendo la tiranía , dicen que traen la prosperidad y acaban distribuyendo la pobreza y dicen que su meta es la igualdad y ellos acaban siendo “más iguales” que le resto. Sencillamente su discurso choca contra la realidad de que cualquier hombre puede ser corrompido.

Sergio

El problema no es que la “izquierda” se corrompa. El problema es que el dinero se ha transformado en un fin en sí mismo. El fin del ser humano ya no es la felicidad, si no acumular dinero al precio que sea. Los corruptos ya lo estaban antes de decir que son de tal o cual tendencia. Sencillamente por la naturaleza de su corrupción y el fin por ellos buscado, tienden a intentar copar todos los resortes de poder. Da en el clavo Trevijano cuando habla del partido de izquierdas que necesita la corrupción para dar estabilidad a su programa de derechas. ¿Lo blanco-negro, como decía Orwell? No, en realidad no es un oxímoron. Sencillamente es que fueron siempre de derechas, el lobo con piel de cordero. Por eso de verdad llegó a gobernar el PSOE. ¿De verdad se piensan que se toleraría un gobierno de un partido de izquierdas? Es ridículo. La aristocracia financiera perdería su poder. No, antes de eso hago que las cosas cambien. Como las viejas usanzas del golpe de Estado quedan feas, mejor copo las estructuras de ese partido por gente que lo único que quiera sea dinero. Es más, probablemente no haya ni que fomentar eso. Ya lo estén. Sólo hay que tender el anzuelo y dejar que piquen. Cuando el dinero es el fin, el fin tiende a justificar los medios, y tenemos justo lo que nos hemos merecido: empresarios ladrones que evaden dinero, ciudadanos inútiles que se mueven más por un partido de fútbol que por el derecho al trabajo, gente a la que la educación le importa un comino… Eso, y no otra cosa, es la decadencia de la moral.

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Toda teoría ética tiene como elementos comunes lo siguiente:(a) Seres humanos como agentes morales libres.(b) Intenciones y propósitos de la voluntad humana.(c) Acciones que pueden ser calificadas de buenas o malas.(d) Reglas morales que califican de manera consuetudinaria esas acciones.(e) Consecuencias o efectos de las acciones sobre el grupo social al que pertenecen los agentes.