Sin Don Juan

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Antonio García-Trevijano
Antonio García-Trevijano

ANTONIO GARCÍA-TREVIJANO.

El proceso de creación de la Junta Democrática fue muy complejo y laborioso. Su concepción no salió de mi cabeza como la diosa Marte con el yelmo puesto. Cada paso que daba condicionaba el siguiente. Conociendo la falta de confianza de los partidos en ellos mismos y la morbosa susceptibilidad con la que rechazaban las iniciativas o convocatorias ajenas (llegaron al extremo de inventar la expresión «autoconvocatoria» para celebrar reuniones entre ellos), se me ocurrió la idea de hacerlos converger en un programa de acción común por la democracia política, a través de un ardid táctico.
En diciembre de 1973, tras el asesinato de Carrero, llegué a un acuerdo con Don Juan de Borbón sobre la necesidad de que hiciera pública su ruptura con la Monarquía franquista representada por su hijo el Príncipe Juan Carlos, en una entrevista que le haría el diario «Le Monde», bajo la condición de que todos los partidos y las personalidades de mayor prestigio en la oposición apoyaran luego por separado, en cascada, la integridad de su compromiso público en favor de un proceso constituyente de las libertades públicas, la democracia política y los Estatutos de Autonomía.
Don Juan me pidió que redactara sus declaraciones y fijó la fecha de su onomástica (24 de junio de 1974) para hacerlas. Tenía pues seis meses de plazo para obtener la conformidad de los partidos a este plan de acción. En Enero de 1974, Don Juan aprobó el texto de su entrevista, donde sólo sustituyó la palabra franquista por otra más institucional. Ese texto contenía los doce puntos que deberían aprobar públicamente los partidos. Durante la estancia de Don Juan en París (febrero), concerté el compromiso con «Le Monde». Y le presenté al editor de Ruedo Ibérico, José Martínez, a sus declaraciones por las organizaciones y personalidades de su entorno editorial. Entonces comuniqué a Don Juan que ya había obtenido la conformidad de los partidos nacionalistas por este orden: Jose María Lasarte (PNV), José Andreu (Ezquerra y Asamblea de Cataluña), Alejandro Rojas Marcos (PSA). Y que Valentín Paz Andrade se había encargado de asegurarse el apoyo de los partidos gallegos. Le anuncié que obtendría, a mi regreso, la conformidad de los sindicatos CCOO y USO.
Entonces empecé mi gestión con los partidos problemáticos por este orden: PC de Santiago Carrillo, PSP de Tierno, Democracia Cristiana de Gil Robles y Ruíz Giménez, grupo liberal de Joaquín Garrigues y PSOE de Pablo Castellano. Como no les pedía ningún tipo de unión entre ellos, ni un compromiso monárquico, sino simplemente la promesa de apoyar los doce puntos programáticos de la declaración que Don Juan haría a LE MONDE, con los que estaban de acuerdo, nadie puso objeciones ni condiciones, salvo Pablo Castellano que se abstuvo de toda promesa, por no creer que Don Juan se atrevería a romper, de ese modo irreversible, con la Monarquía de su hijo.
Llegado el momento de la verdad, el día 24 de Junio de 1974, por las razones o circunstancias que Luis María Anson relata con toda veracidad y exactitud en su biografía de Don Juan, éste incumplió su palabra. Pablo Castellano acertó y yo me equivoqué. Pero ese mismo día, desde que me despedí de Don Juan, anunciándole que ya no quedaba más opción para la democracia que la República, hasta que llegué al hotel de Lisboa donde me esperaban Tierno y Morodo, con otros politicos de relieve que se habían congregado en espera de las declaraciones, en ese trayecto de carretera, tomó cuerpo en mi imaginación la nueva idea. Puesto que los partidos habían aceptado los doce puntos de la declaración, podríamos superar el plan fracasado, prescindiendo de Don Juan, si los convertíamos en programa común de un organismo unitario de toda la oposición.

LA RAZÓN. LUNES 7 DE AGOSTO DE 2000


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Gonzalo

Las personas no pueden desenvolver sus actividades ni sus vocaciones fuera del entorno social,por lo que la lealtad es base de todas las purezas personales y sociales.

Gonzalo

Las personas no pueden progresar sus acciones ni sus vocaciones al margen del entorno social,por lo que la lealtad es base de todas las purezas personales y sociales.