Discurso en Bruselas

Borrador original del discurso pronunciado en Bruselas en 2016

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Dedico esta conferencia a la memoria de aquellos inolvidables comisarios que apoyaron la causa de la libertad política en España, impulsada por la Junta Democrática. Me refiero a mi amigo Claude Cheysson, que fue ministro de Asuntos Exteriores con Mitterrand; al entrañable Altiero Spinelli, héroe antifascista que realizó la proeza de escribir, en la cárcel, las bases de un federalismo nacional europeo, en un librito de papel de fumar. Y también a Christopher Soames, presidente de la Cámara de los Lores y gobernador de Rodesia.

El primero, Cheysson, organizó mi discurso en el parlamento de Estrasburgo. Allí diferencié la libertad de la Europa de los Nueve, debida a la victoria de EE. UU y Gran Bretaña en la Segunda Guerra Mundial, respecto de la libertad conquistada por los militares portugueses, en abril de 1974, y de la libertad que estaba camino de conseguir, contra la monarquía impuesta por Franco, la Junta Democrática de España.

El segundo, Spinelli, me insistía en la diferencia entre una federación de naciones europeas y los Estados Unidos de Europa, promovidos éstos por Churchill, en su famosa conferencia de Zurich de 1946, para la que contó con el apoyo del presidente Truman.

El tercero, Christopher Soames, me invitó a pronunciar un discurso en el Parlamento Británico, para exponer mis dudas sobre la dificultad, o inviabilidad, de un proyecto europeo de ejecución simultánea o sucesiva para los países protestantes del norte y los católicos del sur de Europa. No pude gozar de este honor. Fraga, ministro de la dictadura, me encarceló en marzo de 1976.

Ante el fracaso de la ruptura democrática del Régimen de Franco, mediante la acción de las fuerzas legales o ilegales integradas en la Platajunta, y el repentino consenso entre los poderes de la dictadura y los partidos ilegales -que unas semanas antes habían firmado el compromiso de ruptura democrática contra la monarquía de Juan Carlos- abandoné la acción política. Me dediqué a pensar y escribir sobre la democracia formal en España.

Y hoy, cuarenta años después, vuelvo a Bruselas para denunciar, en la sede ejecutiva de la UE, los graves acontecimientos que preconizan:

1º.- La ruptura de la unidad de España.
2º.- La causa del fracaso de la investidura de un nuevo gobierno.
3º.- La quiebra económica del Estado español.

1º.- Ruptura de la unidad de España.
Desde que Arturo Mas sustituyó al corrupto Jordi Pujol, es raro el día en el que las Autoridades catalanas dejen de cometer algún acto tipificado en el código penal, artículo 548, como promotor de la sedición. Los gobernados se preguntan por qué el gobierno de Rajoy no se querella contra los responsables. Este misterio tiene una doble explicación.

La relatividad socialdemócrata de los valores, causada por el consenso, hace que el Gobierno no confíe en que una mayoría de Magistrados en la Sala de lo Penal, se atreva a admitir siquiera una querella por sedición contra el Honorable de la Generalitat de Cataluña.

Además, toda la opinión pública española, incluida la de políticos, legisladores, magistrados, catedráticos de derecho constitucional, periodistas y editorialistas de todos lo medios de comunicación, propaga que el derecho de autodeterminación legitimaría la secesión de Cataluña si el referéndum correspondiente fuera aprobado por la mayoría de todos los españoles. La única diferencia con la propaganda oficial de los órganos de expresión en Cataluña, consiste en que los separatistas sólo admiten que tal referéndum sea votado exclusivamente por los catalanes.

Tal disparate, ignorante de la naturaleza objetiva de la nación, fue creado por Ortega y Gasset, en su “España invertebrada” de 1922. Ahí ignoró la historia y el concepto del derecho de autodeterminación. Una materia creada por el marxismo, que exigió 5 datos verificables para anteponer, en una consulta popular, la solidaridad de clase al sentimiento nacional. Así concebido, el derecho de autodeterminación sirvió, después de la guerra europea de 1914, para reconocer, como Estados independientes a las nacionalidades integradas en el imperio austro-húngaro. Después de la última Guerra Mundial, los Estados Unidos promovieron, en la ONU, el derecho de autodeterminación de las colonias. Cataluña no está reconocida como tal en ninguna instancia mundial, ni en la conciencia de español alguno, incluido el propio catalán.

Hoy, la unidad territorial y política de España está amenazada seriamente. Un partido aventurero, populista y sin más ideología que la de conquistar a cualquier precio el poder del Estado, Podemos, se ha sumado a los partidos independentistas de Cataluña. Y frente a esa concreta amenaza, el presidente en funciones, señor Rajoy, se limita a decir que para ser válido el derecho de autodeterminación de Cataluña ha de estar aprobado por la mayoría de los españoles en todo el territorio nacional.

Para los que ignoran la verdadera historia de la Transición, es imposible que comprendan por qué a la crisis de la unidad de España, se una ahora el fracaso de la investidura de un nuevo Gobierno. Por qué ahora renacen odios y antagonismos que parecían enterrados en el consenso posterior a la muerte de Franco. España es diferente. Lo que fue un lema turístico bajo Franco, hoy es la realidad que nos separa radicalmente de la Europa de los 9, la que culminó el Tratado de Roma con la adhesión del Reino Unido, Irlanda y Dinamarca en 1973. Me detengo en esa fecha, antes de que Giscard D’Estaing, Presidente de la República francesa, cometiera la frivolidad de regalar a su amigo Karamanlis la adhesión de Grecia al Mercado Común, 1981, creando la Europa de los 10.

2º.- Causa del fracaso de la investidura.
Para los que ignoran la verdadera historia de la Transición es imposible comprender por qué a la crisis de la unidad de España, se une ahora el fracaso de la investidura de un nuevo Gobierno, es decir, por qué ahora renacen odios y antagonismos que parecían enterrados en el consenso posterior a la muerte de Franco. España es diferente de todo el resto de Europa. Lo que fue un lema turístico bajo Franco, hoy es la realidad que nos separa radicalmente de toda Europa y, especialmente, de la Europa de los 9. La que culminó el Tratado de Roma con la adhesión del Reino Unido, Irlanda y Dinamarca en 1973.

Lo repito. España es políticamente diferente del resto de Europa. Es el único país del continente donde no se produjo la ruptura política, cultural, mental y moral de la dictadura, que en los demás pueblos se produjo con la derrota militar de las Potencias del Eje y de sus Estados satélites. El juicio de Nuremberg no depuró todas las responsabilidades del nazismo ni del holocausto, pero señaló el antes y el después de una Alemania acomplejada, donde el filósofo, Dolf Sternberger, tuvo que inventar, en 1949, el concepto de patriotismo constitucional, como sustitutivo del odioso patriotismo alemán del nazismo.

España es diferente de Alemania. Pero siempre la imita. Primero con el germanismo de Serrano Suñer. Después con el patriotismo constitucional de la Monarquía de Juan Carlos. Caen en desuso el nombre de España y el patriotismo español. Para sustituirlo se importó la expresión alemana de patriotismo constitucional.

Mientras duró el artificial consenso de la clase política no podían aflorar los signos de odio y resentimiento de los nietos de los vencidos a los nietos de los vencedores. Pero el consenso desapareció con el atentado de Atocha, el día 11 de marzo de 2004. Tres días después ganó las elecciones el PSOE y, con el Presidente Zapatero, comenzaron los síntomas de que la Guerra Civil continuaba por otros medios, incluido el apoyo del PSOE a la llamada causa catalana.

El segundo gobierno del PSOE no podía reconocer la gravedad de la crisis económica que afectaba a todas las economías occidentales. Tenía sus razones. El Banco de España le preparaba informes y datos ficticios para mantenerlo en esa inopia, aunque tuviera que recurrir para ello a falsear los datos de la contabilidad nacional. Una práctica fraudulenta que fue continuada por el Presidente Rajoy, hasta llegar a la falsedad actual, cuya fijación será expuesta por el Catedrático de Economía D. Roberto Centeno.

La larga duración de la crisis inmobiliaria y financiera, junto a la pavorosa magnitud del paro y de la corrupción de todos los partidos políticos, provocaron en España la aparición, el 15 de mayo de 2011, de un insólito y espectacular movimiento de indignados. Tanto más activos en sus asambleas cuanto más ignorantes de las causas de los fenómenos que los indignaban. Y de este movimiento ha emergido un nuevo partido, Podemos, que ha dejado de ser asambleario e impulsor de la democracia directa, para convertirse en un partido de faz caudillista y de cuerpo populista, dispuesto a la conquista del Estado. Este partido emergente, junto a la ambición sin talento del nuevo Secretario General del PSOE, hicieron imposible la investidura de un nuevo gobierno y es probable que continúen haciéndola mientras sigan subiendo las expectativas de gobierno de Pablo Iglesias y bajando las de Pedro Sánchez len las encuestas electorales.

Con la Europa de los 9, el Tratado de Roma conservó su coherencia original. Salvo Francia e Italia, los miembros del Mercado Común eran países nórdicos, desarrollados y con mayoría de población protestante. El éxito de la Comunidad del Carbón y del Acero, debido a la genialidad de un banquero francés, Jean Monet, dió alas a las expectativas del Mercado Común, basado en la homologación de las estructuras de producción y consumo en los países integrados.

Pero a partir de la Europa de los 10 (Grecia, 1981) y, sobre todo, de los 12 (España y Portugal, 1986) el concepto de homologación cambia de significado. En lugar de ser aplicada a las magnitudes y a los índices de desarrollo económico, fue interpretada como homologación política de los nuevos miembros con los Estados de la Europa de los 9. Todavía se podía hablar de Mercado Común. Pero la Europa de los 12 lo transformó en una verdadera unión política, como lo confirmó después el Tratado de Unión Europea (1992) de Maastricht. La incorporación en 1995 de Suecia, Finlandia y Austria no cambió el desequilibrio entre el Norte y el Sur de Europa. Desequilibrio que se acentuó con la entrada en circulación del Euro y con la sucesiva incorporación de los Estados resultantes de la desintegración de la URSS, hasta llegar a la desequilibrada e inarmónica Europa de los 28.

La negociación del ingreso de España en la Comunidad Europea fue conducida por el Presidente del Gobierno español, Felipe González. Quien, a cambio de que la Constitución y los partidos políticos de España fueran homologados con los del Mercado Común, aniquiló el porvenir de la siderurgia, la industria naval, las explotaciones agropecuarias, especialmente la ganadería lechera, la industria pesquera, la electrónica y otros sectores que estaban comenzando su desarrollo.

 

NOTA DEL EDITOR

Conservo el texto original, de este discurso histórico escrito por Antonio García-Trevijano, y que iba a pronunciar en Bruselas. Como era su costumbre, no lo leería finalmente según estaba redactado, sino que improvisó sobre él, añadiendo nuevos matices, anécdotas y detalles. Dicho discurso puede también encontrarse en la plataforma YouTube.

Cuando fuimos allí, a denunciar cómo el Estado español estaba suministrando unos datos del PIB que eran falsos, la repercusión en la prensa nacional fue inexistente, como era de esperar. A pesar de todo, y por su contenido, especialmente ahora, con los hechos que se están produciendo entre españoles en la región de Cataluña, como resultado de la gran corrupción moral y económica de este régimen, es oportuno recordarlo y publicarlo, en la forma original en la que lo redactó su propio autor.

Atanasio Noriega

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