¿Quién sostiene a los tiranos? (III)

Los pilares del Régimen de 1978

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Esclavos con bozal
Esclavos con bozal

EPÍLOGO
La resignación es el estigma de los esclavos

La verdad está prohibida en España, o mejor expresado, está proscrita. La ocultan, la tergiversan y la maldicen los gobernantes, los periodistas, los enseñantes y por extensión casi todo el pueblo español.

Quien la busca para conocerla, aprehenderla, compartirla y, si tiene vocación pedagógica o necesidad política, enseñarla a sus compatriotas, está mal visto en sociedad, será considerado despreciable hasta el ostracismo. Por muy humilde que sea su actitud, por muy riguroso que sea su razonamiento, por muy atento que permanezca a la comprensión de las pasiones, por muy noble que sea la causa que lo motiva, será considerado un renegado, un hereje, un traidor, un miserable, un engreído, … Pero tú, ¿quién te crees que eres?, ¿acaso eres más listo que los demás?, ¿mejor persona?, ¿cómo osas disentir de lo que todos damos por cierto? Se le negará el saludo, algunos de los que creía sus amigos dejarán de serlo o parecerlo, quizá algún familiar le retire un cariño aparente que nunca le tuvo, sus vecinos le mirarán con el recelo de quien no está a gusto en su presencia, muchos se alegrarán de sus adversidades, unos pocos le serán fieles y nunca sabrá cuantos le admiran en secreto.

Mas, ¿qué ínfimo valor tienen estas nimiedades si se comparan con el tesoro de su contrapunto?: el amor por la verdad, la excelencia en el trato, la firmeza de las convicciones y, sobre todo, la adecuación entre el pensamiento (la conciencia) y la acción.

Y, ¡es tan grande la soberbia del hombre actual!, ¡con qué ligereza se burla de los antiguos, que creían en olimpos llenos de dioses y aceptaban los pronósticos de los oráculos!, ¡con qué desprecio se refiere a las creencias de los fundamentalistas religiosos!, ¡con qué aire de superioridad denigra las supersticiones que no comparte!, ¡cómo se ríe de las mitologías nórdicas, de los tótems indios, de los animistas africanos; en fin, de las costumbres de otros pueblos!, ¡cuán desconsiderado es al menospreciar a sus antepasados, que confiaban en hechizos y rezos para solventar sus problemas, o tenían visiones que él no puede comprender!, ¡ah, y esos locos que bailan para que llueva!

¡Qué salvajes eran aquellos hombres primitivos, que mutilaban sus cuerpos para verse más hermosos, que dejaban morir a sus ancianos porque el alimento no era suficiente para todos, que asesinaban a niños recién nacidos según las circunstancias de su costumbre, que ofrecían en sacrificio vidas humanas para calmar la cólera de alguna deidad malvada!
Piensa todo esto mientras ofrece su brazo al Estado para que le inyecte una sustancia cuyo efecto desconoce; al mismo tiempo tolera que los niños de su tribu sean torturados, los ancianos despreciados, los enfermos desatendidos y él y todos los demás esclavizados, porque si desobedecieran sería peor. Y lo hace porque unos macaquitos que vio en una caja de plástico con luces así se lo recomendaron: es necesario para vivir bien y poder ir de un sitio a otro. Por tu compromiso se te dará un salvoconducto. Lleva la cara parcialmente tapada con un trapo, porque también le dijeron que así conservaría su salud. Ya no parece una persona, es una máscara.

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Santiago Cebrián

Pienso en los ciudadanos de mi país como personas desinformadas, manipuladas y en definitiva ilusas. Personas que piensan, que la estructura del estado les respeta,que lo que ven en los medios es correcto, y que lo que vivimos no es perfecto, pero es mejorable, es decir, que tienen la esperanza de que la sociedad mejore políticamente con las herramientas de las que disponen. Pienso en ellas y me compadezco. Son esclavos políticos, que manejan informaciones difusas, y por ende adecuan sus comportamientos erróneamente, al ser incapaces de ver el origen de los problemas. En este medio, se OPINA, que la totalidad de las clases políticas de todo el mundo, junto con la complicidad de todos los medios de comunicación, junto con la totalidad de todos los grupos científicos de investigación, así como sus divulgadores, universidades e investigaciones públicas deciden ponerse de acuerdo ante la mentira, afirmando la existencia de un virus que no existe. Se presenta la manipulación política, se extiende a nivel mundial, con el beneplácito de la com.cientifica internacional. Me resulta curioso e inquietante, que los mismos que denuncian la esclavitud política, denuncien también una conspiración mundial desde el ámbito científico y divulgativo.
¿ conocen algún medio de divulgación científica ,más o menos serio, que niegue la enfermedad ?¿ alguna opinión en el mundo por alguna “autoridad” competente que se manifieste en ese sentido ?¿ alguien que haya visto algún síntoma de esta campaña desde su experiencia profesional ?¿ no queda en todo el mundo ningún científico de nombre con dignidad ?¿ no les resulta extraño que países con intereses contrapuestos como eeuu, china, rusia, corea, japón y otros se pongan de acuerdo en esto ?¿con que fin?¿económico?
De la misma manera que, en lo político, muestran los hechos, causas y fines, gracias al trabajo y rigor de Trevijano, deberían hacer lo mismo con este tipo de exposiciones.
un saludo.

Atanasio Noriega

Puesto que usted afirma que:

En este medio, se OPINA, que la totalidad de las clases políticas de todo el mundo, junto con la complicidad de todos los medios de comunicación, junto con la totalidad de todos los grupos científicos de investigación, así como sus divulgadores, universidades e investigaciones públicas deciden ponerse de acuerdo ante la mentira, afirmando la existencia de un virus que no existe.

¿podría usted señalar en qué lugar exactamente, en qué articulo concreto ha dicho alguien semejante cosa? Ya que afirma eso, debería de poder decir también quien es quien ha afirmado tal disparate y dónde lo ha hecho. Yo no tengo la constancia de que en este medio se haya opinado eso jamás. Tampoco en este artículo donde usted está comentando.

En lo que a mi personalmente me concierne, ya que fui la primera persona en España en denunciar la existencia de un fraude a las pocas horas de que se decretase un estado de alarma que, en la práctica, supuso un arresto domiciliario de millones de españoles, puedo decirle que jamás he opinado nada sobre este asunto. Jamás tendría la osadía de opinar en un asunto como este, donde únicamente tiene sentido el criterio y lo que uno puede demostrar y sustentar, es decir, hablar de lo que uno sabe.

Editado el hace 3 meses por Atanasio Noriega
Atanasio Noriega

Dicho lo cual, y para tratar de contribuir a librarle a usted de la enorme confusión que tiene, le haré las siguientes consideraciones al respecto de lo que usted escribe. Porque todo lo que usted dice está completamente equivocado.

  • En primer lugar, si reduce usted esto a la mera afirmación de algo, y a eso opone su simple negación de lo mismo, ambas cosas tienen el mismo valor, es decir: NINGUNO. Porque usted o cualquiera podría decir que tal cosa es cierta y otro igualmente negarla, y ninguna de las dos posiciones tendría el mas mínimo valor por no estar sustentada en hechos, evidencias y cuestiones fehacientes y que puedan ser universalmente comprobables. Yo demostré, sin opinar, ya hace muchos meses, que todo lo que se estaba diciendo en los medios de comunicación, especialmente TODAS las cifras, eran absolutamente FALSAS.
  • Existe un principio indudable y universal en toda la Ciencia, que es el de que demostrar la inexistencia de algo es imposible. Por lo tanto no se puede demostrar científicamente que no existe un virus, o que no existe una epidemia o que no existe una supuesta enfermedad nueva. Nadie puede hacer eso. Ni en España, ni en ninguna parte. Porque creer en cosas que no existen, que es lo que a usted y muchos millones de personas les sucede, es una cuestión de la fe. Tampoco se puede demostrar que no existan los unicornios.
  • Entre los errores que usted comete en su planteamiento, en el que tiene la creencia de que algo es cierto por su simple afirmación en los medios de masas, está el de considerar espiritualmente a las naciones, como si China, Rusia, Japón o España o Canadá o cualquier otra nación, fuese un ser con una voluntad autónoma de obrar y una capacidad para expresar su opinión al respecto de esto o de aquello. Lo que usted dice es simplemente insensato. Mas bien tendría usted que decir quien, con un nombre y unos apellidos, en tal lugar o en tal otro, afirma o niega algo, y no sólo eso, sino cual es su demostración o argumentos al respecto de una determinada proposición.
Editado el hace 3 meses por Atanasio Noriega
Atanasio Noriega

La autoridad competente que usted busca para así tener su propia opinión al respecto, es quien humildemente le está respondiendo a lo que plantea. Soy eso que usted llama “la autoridad competente” que en el artículo: “Epidemia de legalidad y constitucionalidad” demostró jurídicamente el fraude en la aplicación del estado de alarma, que corrigió la sentencia incorrecta del Tribunal Constitucional español y que, consecuentemente, evidenció que todo era una vulgar patraña; una mentira y un fraude. Algo que, ningún jurista en España ha hecho, desde luego ningún abogado, ni nadie que yo tenga conocimiento. Y si sabe usted de una sola persona que se haya pronunciado a este respecto, ya sea para corroborar lo que yo digo ahí, o para tratar de refutarlo, le agradeceré mucho que me diga quién y donde, para poderle contestar.

Pero es que, en contra de lo que usted cree, porque está totalmente equivocado y confundido, no se necesita de un especial conocimiento técnico en la biología, o en la práctica de la medicina, o en ningún otro área especializada. Es mucho mas simple que todo eso y usted, por creer que necesita de la autorización de otro para entenderlo, no es capaz de verlo.

La verdad, lo verdadero, es verdadero sí o sí y de por sí, no necesita una demostración lógica para ser verdadero. La verdad es independiente de las premisas de la proposición. Si usted entiende esto, que es un principio epistemológico, entenderá entonces por qué los científicos se han equivocado a menudo en este asunto tomando un camino sencillo, como lo es refutar las falacias divulgadas por toda la Prensa española y tienen gran dificultad para evidenciar la mentira. Porque la lógica no sirve para demostrar la verdad. La verdad lo es por sí misma y no atiende a las razones o las causas particulares.

Yo no conozco a un sólo científico o médico de renombre, sea español o de ámbito internacional, que creyendo en esta patraña, la haya sostenido con sus explicaciones y demostraciones. Y si usted sabe de alguno, de uno sólo en todo el mundo, dígame quien. Ya le anticipo que fuera de su espiritualismo nacional, esa creencia mitológica que usted tiene y que concibe a las naciones como si fuesen seres, como personas, no encontrará a uno sólo con nombre y apellidos. Todo de lo que usted habla es de espiritualidades. Habla de “comunidad científica” o de “universidades” o de “divulgadores”, pero eso no son entidades concretas y específicas, con una capacidad de razonar, con quien uno se pueda entrevistar o que sirvan para sostener siquiera una mera opinión al respecto de algo.

Para finalizar usted menciona una “conspiración mundial” que es algo que no sé ni lo que significa. Algo que demuestra que usted ni siquiera sabe lo que significa “conspirar” y que demuestra que usted no ha comprendido uno sólo de los artículos publicados aquí jamás. Ni siquiera los de Antonio García-Trevijano, al que menciona, y que fue quien me nombró para que siguiese con su misma labor.

Editado el hace 3 meses por Atanasio Noriega
Julio Flores Díaz

El texto es impecable, acertado al 100%. Entiendo, a raíz de tu comentario, que en algún momento del artículo has entendido que se niega la enfermedad. La negación de la misma ( que en realidad no es tal ) está situada en el primer contexto de la “proclamada” pandemia. Es cierto que habría que distinguir mejor entre problema de salud pública, que no existía todavía, y la enfermedad en sí, que es innegable. Se puede aceptar la confusión, porque textualmente se niega la enfermedad, pero se hace en un contexto temporal concreto.
Un saludo amigo.

Editado el hace 2 meses por Julio Flores Díaz
Atanasio Noriega

Así es. “La enfermedad” tal y como usted lo escribe en su comentario, en un sentido platónico o genérico, es innegable. Las enfermedades existen. Es indudable.

Por eso no conozco ni a un sólo ser humano en todo el planeta que niegue las enfermedades. No creo que pudiese existir alguien mínimamente formado intelectualmente y que sostuviese algo tan ridículo. Sería equivalente a negar la existencia a los árboles o las montañas.

Ahora bien, puesto que la inexistencia de las cosas es algo indemostrable para cualquier clase de Ciencia, lo que es evidente es que inventarse palabras raras o nuevas, aunque sea con el propósito de asustar a los más ignorantes o de impresionar a las masas, no crea ninguna realidad. No hace que exista una determinada enfermedad que no fuese las que han existido siempre. Inventarse una palabra rara como “covid” no hace que la realidad material cambie. Las palabras no crean la realidad. Su propósito es describirla para permitir la comunicación.

El fraude no consiste en esa inane discusión que se mantiene dentro del consenso político en España, acerca de si hubo poca epidemia o mucha epidemia. Porque eso viene a ser exactamente lo mismo que sucede al respecto del concepto de la democracia que, sin haberla habido nunca en España, produce toda clase de debates estériles. Con este asunto sucede exactamente lo mismo. Sin haberse producido absolutamente nada anómalo, o fuera de lo habitual en el acontecer natural de las cosas, se ha introducido la sensación en la opinión pública, mediante un gran esfuerzo de propaganda política, de que había una amenaza causada por una suerte de llegada invasiva de alienígenas, en forma de plaga bíblica y que tenía el nombre ridículo de “pandemia”.

Existen las epidemias. Las “pandemias” no. Y en España no hay democracia y tampoco existe “la covid”. Aunque usted o cualquiera que lo desee, puede creer en la democracia inexistente, en el coco que se lleva a los niños malos, y en “la covid”

Y es evidente, y nadie lo niega, que hay constipados, o catarros, o la gripe habitual causada por el cansancio, o neumonías, o toda clase de afecciones respiratorias. Pero inventarse una palabra, por muy rimbombante que sea, para englobarlas a todas y tratar de convertir así lo natural en una amenaza, es ridículo. Además es grotesco por el comportamiento absurdo que ha provocado en millones de españoles ignorantes y asustados.

Yo ya demostré, mas allá de cualquier duda razonable, hace mucho mas de un año, que absolutamente todo, desde el inicio hasta el fin, era un fraude. Pero no parcialmente, sino total y absoluto. Y por lo tanto es algo en lo que no tiene cabida la opinión. Habrá a quien le gusten mucho los fraudes, otros a los que no, e incluso los que hayan sido felices haciendo el ridículo durante años, con su cara oculta por un trapo. Pero eso es algo que ya forma parte de otro ámbito.

Yo siempre vine explicando la verdad. Mucho tiempo antes de que apareciesen después esos colectivos de médicos indignados. Siempre dije que no había absolutamente nada de cierto o de justificable en el decreto del estado de alarma. Incluso después, he explicado eso desde un punto de vista jurídico, tras haber comprobado que no lo había hecho absolutamente nadie en España. Por lo tanto no es que tuviese una intuición o que yo tenga dotes de brujería, sino que como lo sabía a ciencia cierta, lo demostré con hechos fehacientes y públicos, a la vista de cualquiera.

Editado el hace 2 meses por Atanasio Noriega
Atanasio Noriega

Y después de mi anterior comentario, piense usted entonces en la gran cantidad de personas que se han quitado voluntariamente la vida a causa de la quiebra de sus negocios, las ruinas en tantas familias que se han producido a causa de todo esto, o en las personas humilladas y vejadas en todo este tiempo, que han tenido que soportar estúpidas imposiciones, como la de ponerse un trapo sucio en la cara, para complacer a cualquier dependiente de un comercio o a un guardia urbano devenido en experto sanitario.

Yo a veces pienso que todavía la mayoría de españoles necesita que les roben mas, porque todavía no han tenido suficiente. Supongo que después de los bozales vendrán los látigos y las cadenas, para que todos los masoquistas disfruten con igualdad, y sin envidiarse los unos a los otros.