Lo actual

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Antonio García-Trevijano
Antonio García-Trevijano

Donde no hay procesos de cambio no puede haber actualidad. Lo actual es lo que está ocurriendo en el presente. Por eso es el concepto clave del mundo informativo. Una esfera del conocimiento exclusivamente alimentada por la viva actualidad. Lo que no es actual, sea acto o suceso, es ya historia pasada o virtualidad futura. Dos aspectos del proceso de lo real que no interesan a la pasión existencial por la actualidad. Vivir día a día en un presente sin pasado ni futuro, consumirlo, es la condición vital que imponen los medios de comunicación a las sociedades modernas.

El periodismo excluye de su ámbito empresarial, y de su mente informativa, la revisión y la previsión de los acontecimientos. Por ese motivo, la Reforma liberal de la Dictadura, cuando no existía libertad de expresión, triunfó en la opinión del público antes que en los ánimos de la clase gobernante del Estado. La Prensa se agenció la Reforma, la promovió en la Sociedad, como un producto de su propio negocio con la actualidad.

Aparte del factor internacional, la Reforma ha sido obra de la Prensa. Revisar el franquismo equivalía a revisarse ella misma. Y prever el futuro estaba fuera de sus cálculos materiales y de sus hábitos intelectuales.

En el espíritu oscuro de aquellos tiempos, la Reforma suponía la actualización de la Dictadura. O sea, ponerla al día y a la hora de sus grandes vecinos europeos. Homologarse con ellos, incorporando al sistema de dominación la presencia de las libertades individuales, pero conservando la ausencia de la libertad política colectiva. La Reforma triunfó como triunfan las modas de primavera. Al calor de la novedad de colores y apariencias que no cambian la estructura ni la materia de la vestimenta. La actualidad de la Reforma echó a la Ruptura en el pozo sin fondo de la historia. Y allí está todavía a la espera de que algún historiador la saque para iluminar lo actual.

Pero la palabra actual nos ha llegado cargada de significados antiguos. Para los megáricos griegos, lo actual era lo único real y verdadero. Fuera de lo actual no había realidad posible. Para Aristóteles, actualizar era, sin embargo, pasar de la potencia al acto, de la esencia a la existencia. Un proceso tan complejo que lo consideró imposible de definir. Y nos lo hizo comprender mediante ejemplos. En los idiomas modernos prevalece el sentido megárico de lo actual. Su mejor expresión está en la intuición metódica de Bergson, y su caricatura metafísica en la filosofía «actualista» de Gentile, ministro de Instrucción de Mussolini y reformador fascista de la enseñanza escolar.

Respecto al valor de lo actual, la Prensa es megárica por su propia naturaleza. Confunde lo actual con lo único existente. Pero es la inteligencia «actualista», que no ve más realidad posible que la actualidad, la que ha convertido el «fieri» en «verum», cegando las fuentes del pluralismo en la realidad. El pensamiento débil y único de la actualidad, heredero de Gentile, proviene de una voluntad de poder que niega cualquier modo de existencia de la libertad distinto del actual. En la escolástica tradicional y en la moderna lógica modal, donde prevalece el significado de actualidad como tránsito de la potencia al acto, está el antídoto mental, contra el reductor «actualismo» de la ideología postfascista. Lo actual no es lo verdadero, ni todo lo efectivo, sino la parte visible de la realidad actualizada. El hombre no es sólo un niño actualizado.

La encina no se reduce a la actualidad de la bellota. En el tránsito de lo virtual a lo actual, en el proceso de realización de las cosas sociales, se abren tantos caminos de frustración como de actualización de un mundo de posibilidades.

El pluralismo de lo real en la sociedad civil, y la democracia política en el sistema de poder, siempre serán posibles por que la libertad de acción es más potente que sus realizaciones actuales.

 

LA RAZÓN. JUEVES 23 DE NOVIEMBRE DE 2000


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Gonzalo

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