¿No os queda dignidad?

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Solo haciendo gala de un gran esfuerzo de imaginación, prescindiendo de toda lógica y añadiendo una notable cantidad de fantasía, podríamos llegar a comprender la descorazonadora aceptación incondicional, por parte de la masa de votantes compulsivos, la acumulación sin drenaje de tantas frustraciones, desajustes psíquicos y desarreglos emocionales presentes en ésta sociedad española amontonada y consumista.

Esto es un hecho palpable que se percibe incluso cuando intentan con extrema desorientación, encontrar sentido a la palabra libertad. Ardua tarea si solo se dispone para ésta profunda búsqueda, de mentes formadas por supersticiosas creencias, revestidas de actitudes propias de la más devota servidumbre y pertrechados de una bien alimentada tendencia a aceptar por cierto, lo que solo son mitos y leyendas procedentes y alentadas por las mismas altas esferas de la camarilla de bandoleros estatales a los que rinden pleitesía.

Si por un lado sería posible asumir, que tanto desatino acumulado les pueda parecer, en su delirio vital, un buen modo de justificar toda una vida sin ambición, sin objetivos, sin perspectivas de futuro; no es posible aceptar, por otro lado, sin perecer en el intento, que unos miedos neuróticos, inducidos y enfocados al control, continúen convertidos en norma moral y seña de identidad de toda una civilización.

Cabe preguntarse ¿Por qué ha funcionado tan bien el disparatado discurso de este círculo de psicópatas, plagado de mentiras, que se impone sin dificultad sin recibir la más mínima resistencia, sin encontrar la menor oposición?

¿Porqué los españoles han aceptado con apatía la representación de ésta disparatada comedia nacional con bozales?

¿Por qué se acepta y se asume, sin rechistar, la inexistencia de una sociedad civil destinada a ser verdaderamente libre y se adopta la servidumbre que toma el yugo al que le somete el tirano con mano férrea?

¿Por qué razón se produce a escala nacional el tamaño disparate de aceptar la equivalencia entre tiranía y libertad?

¿Por qué ese empeño en identificarse con el papel asignado de reo culpable sin presunción de inocencia, asumiendo el rol de súbdito servil que acepta un indigno vasallaje como moneda de cambio?

Se confirma, es un hecho, que han instalado una programación subliminal, en forma de slogan divulgativo :”EL CONSENSO POLÍTICO”… y, con éste, la mentira y la farsa que impregna de corrupción los cerebros de la masa servil.

Está visto que la cordura no existe y que acabamos comportándonos como ganado consumidor y dependiente de aquellos que nos pastorean. El slogan se repite una y otra vez como un mantra diabólico: “Toda democracia que se digne debe basarse en el consenso, el diálogo y la negociación en lugar de ser una lucha por el poder y el imprescindible control de éste para ponerlo al servicio de la nación…”

Los tenaces vendedores de humo con su poderosa maquinaria propagandística han logrado el objetivo de convertir en MARCA ESPAÑA las falacias y el fraude. Y, cuando les fue posible convertir la trampa y la mentira en definición axiomática así lo hicieron sin pestañear. Para permanecer así, vendiendo gato por liebre, sin calibrar lo más mínimo que las consecuencias de sus actos arbitrarios se les vayan de las manos, continuando con sus mecanismos destructivos, socavando voluntades y vendiendo castillos en el aire… nada importa puesto que no queda nadie con capacidad para distinguir ilusión de realidad.

Nadie se sorprende ya, de que tan burdas artimañas hayan funcionado mucho mejor de lo que esperaban, puesto que para ese fin han invertido todas sus energías. Fabricando maravillosos discursos populistas dirigidos a la manipulación sentimental de los gobernados, para aumentar el número de conversos a la nueva fe estatal. Y estos se comportan, a su vez, como instrumento fundamental para la causa del poder despótico, permitiendo su permanencia fatal en el Estado durante décadas y vivir a base de perpetrar verdaderos actos vandálicos contra la nación.

Doblegando, sometiendo voluntades. Convirtiendo su lamentable estado de ánimo en una manera de ser, en una manera de vivir, en una suerte de sumisión y vergüenza.

El secreto de su éxito se fundamenta pues en fomentar un confuso complejo de culpa que ha puesto a los poderosos, libres de toda culpa, en la mejor tesitura para mantener sus privilegios.

¿Podría ser ésta una de las causas subyacentes que impide el triunfo de la democracia sobre los regímenes partidocráticos?

¿Continuarán los súbditos sometidos a éstas terribles manipulaciones ratificando en las urnas ésta ignominia sin nombre?

¿Seguirán los subordinados esclavizados con sus eternos complejos de culpa, mientras los tiranos se reúnen para planear nuevas fechorías; para regodearse en los crímenes cometidos; para justificar las tropelías que no caben en los libros de historia?

La única manera de arreglar el estropicio, la catástrofe que viene por la ausencia de democracia es: HACERLA PRESENTE.

¿Es que nadie ve la gran vía de agua que nos está hundiendo en la pertinaz ruina?…

¿Cómo es posible? ¿Es que se han arrancado los ojos para no ver la mentira?
¿Cómo intentan huir de la luz que delata la cobarde aceptación de este cruel sometimiento que nos convierte en cómplices?

¿Hasta cuándo continuarán escondiendo el rostro tras sus máscaras?
¿Podrán contar a sus nietos, con orgullo, las cosas que hicieron por su patria?

¿Gimotearán implorando el perdón de las generaciones futuras ante su mirada reprobatoria o se esconderán debajo de las piedras…junto a los escorpiones y los sapos?

¿Podrán dormir cuando escuchen en el silencio de la noche, la llamada del remordimiento? ¿Tendrán el cinismo de disculparse diciendo que obedecían órdenes de otros que obedecían órdenes?

¿Se harán la cirugía estética para no ser reconocidos por su propia descendencia?

¿Se flagelarán en las plazas públicas, irán a ver al Papa o mentirán hipócritamente con la sonrisa en los labios?

¿Hasta cuándo piensan los súbditos seguir mostrando complacientes actitudes a sus amos y señores en este jardín de bonsáis privado?

¿Acaso los españoles se han habituado a vivir con un mal Estado de partidos que los aborrece y los destruye?

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