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Enrique Gil Calvo (foto: parlamento-navarra.es) Tristeza por la melancolía de Enrique Gil Calvo Decía Pascal que hay razones que sólo el corazón entiende. Para los demócratas y repúblicos la lealtad a la libertad política colectiva es lo que impulsa a la razón y la moviliza. En ese sentido es en el que podemos afirmar que “la razón es necesaria pero no suficiente”.   En cambio, para los políticos del Estado de partidos el sentimiento se reduce a la pérdida de privilegios y su razón a los prejuicios y la ignorancia. El que los intelectuales de la partidocracia no puedan superar esta reducción afectiva entristece a cualquiera. Al igual que entristece comprobar que hay personas cultas que no son consecuentes con los principios racionales de la democracia. Estos dos motivos de tristeza están presentes en un artículo de El país firmado por Enrique Gil Calvo. La tristeza llegó a mi alma al leerlo.   El pasado 28 de noviembre de 2011 escribió Enrique Gil Calvo un artículo titulado Melancolía en El País, página 19, dedicada a España. El artículo del sociólogo comienza así “el domingo 20 de noviembre trajo consigo tanta aflicción que me sentí embargado por la melancolía”. La melancolía se la produjo la victoria del PP y el hundimiento del PSOE. Lo que se espera de un sociólogo es un análisis que respete los conceptos y sentimientos leales a la democracia formal y a la libertad de todos. Pues nada de eso puede decirse que exprese la melancolía de Enrique Gil Calvo.   En primer lugar, el sociólogo lamenta “la ingente acumulación de poder que concentra en todos los niveles administrativos”. En segundo lugar, la lamentación se hace más intensa cuando dice “esa mayoría absoluta coincide con una grave pérdida de escaños por parte del primer partido de la oposición”. Y en tercer lugar, el sociólogo se lamenta también del “carácter de Rajoy, que a juzgar por lo visto tiende a la omisión y la indecisión por exceso de prudencia”.   Respecto a la primera causa de su melancolía hay que decir que no es consecuente con su idea de democracia, pues, Enrique Gil Calvo escribe en el mismo artículo que “es una regla básica de la calidad democrática el necesario sistema de checks & balances que sólo resulta posible con la división y equilibrio de poderes separados y contrapuestos”. Lo primero que debe ser un científico, aunque sea científico de la sociedad, es ser consecuente con los principios de su estudio. Si Gil Calvo cree de verdad que la democracia es la separación de poderes, no debe limitarse a criticar la falta de ella cuando un partido alcanza la mayoría absoluta. Al contrario, debe criticar al mismo Estado de partidos, cosa que no hace. La Monarquía de partidos no ha separado los poderes, por lo que no hay democracia. Y dicho esto, puede seguir con su melancolía, de lo contrario lo que produce es tristeza en el lector.   Respecto a la segunda causa de su melancolía es puro subjetivismo ideológico. Y la ciencia de la sociología no debería entrar en juicios de valor de ese tipo.   Respecto al tercer motivo de su melancolía, el carácter de Rajoy, es otro tipo de reduccionismo, esta vez de tipo psicológico: reduccionismo psicológico de las relaciones internacionales, cosa también muy poco científica.   Entristece comprobar la falta, en España, de una ciencia sociológica moderna que esté libre de los intereses ideológicos y subjetivos.

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