Lo Dialéctico

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ANTONIO GARCÍA TREVIJANO

La Transición consistió en un proceso de cambio político de la Dictadura. Ese cambio se concretó finalmente en una Constitución del Estado de partidos, bajo forma monárquica. Conocemos bien el punto de partida y el de llegada. Pero se sigue ignorando, porque es difícil de conocer y no se desea saber, la intimidad de aquel proceso. Hemos examinado, desde perspectivas interesantes para el conocimiento de lo acontecido, los aspectos visibles y las dimensiones ostensibles de la obra constitucional producida, pero aún no hemos mirado, en la obscura interioridad del proceso de su producción, la naturaleza del propio movimiento transitivo y al modo de acontecer y suceder el cambio.

Durante el auge cultural del marxismo se impuso la creencia de que la realidad social, siempre cambiante, era en sí misma de carácter materialmente dialéctico. Es decir, se creía que la historia estaba determinada, en última instancia, por leyes que regían los movimientos de oposición, lucha y superación de los contrarios sociales. La lucha de clases no sólo era concebida como motor universal de la realidad realizada, sino como el movimiento más actual y profundo de la realidad realizante. Se creía, también, que la única manera de ver, pensar y conocer la realidad social tenía que ser forzosamente dialéctica. La crisis cultural del marxismo se produjo mucho antes de que los partidos socialistas abandonaran la ideología del materialismo histórico. Pues tuvo lugar cuando, separando teoría y práctica, el marxismo occidental hizo del método dialéctico una disciplina especial de la lógica del cambio, para conocer y explicar la realidad, y no una guía intelectual de la praxis, para cambiarla.

Como mi cultura no es profesoral, nunca me he obsesionado por las cuestiones de método. Pues todo método es una forma de pensar que viene determinada por el interés, el tema y el propósito de cada pensador frente a la naturaleza de cada objeto de investigación o de reflexión. En este sentido perifilosófico, soy aristotélico y antihegeliano. Y distingo, como fenómenos sociales diferentes, entre movimiento, cambio, desarrollo, crecimiento y devenir.

La Transición española tuvo una primera fase dialéctica, donde la acción civil o ciudadana, guiada por el principio rector de la Ruptura democrática, se opuso de modo irreconciliable a la acción estatal de la Reforma. Y una segunda fase mecánica, donde esa acción estatal absorbió a los partidos ilegales para poder autoconstituirse, sin oposición, en un nuevo Régimen liberal de Constitución oligárquica. Por este antagonismo entre las dos fases, me parece natural que la primera requiera ser comprendida y explicada mediante una combinación de análisis y de dialéctica, de inducciones y de intuición. Mientras que la segunda pida modos de pensar de tipo sintético y logístico, deductivo y formal. Lo dialéctico es, en la realidad social, una cualidad intrínseca a la libertad de acción; y en la reflexión sobre la realidad, una oscilación permanente de la libertad de pensamiento. Donde no hay libertad no puede haber dialéctica. Ni en el ser pensado, ni en el ser pensante. Y donde hay consenso no puede haber más que un desarrollo mecánico, sin incertidumbre ni dialéctica.

Las tres leyes básicas de la dialéctica estuvieron presentes y gobernaron la idea y la acción de la Ruptura democrática. Pues ésta negó la negación de la dictadura hecha por los reformistas; convirtió en constructiva, con el solo aumento de la cantidad de oponentes, la oposición destructiva realizadas hasta entonces por los partidos clandestinos; y proponía integrar a los contrarios políticos en la nueva síntesis democrática. Pero los dos partidos principales del marxismo renegaron de la dialéctica, para hacerse acólitos de la mecánica del Poder y oligarquizar la dictadura.

LA RAZÓN. LUNES 19 DE FEBRERO DE 2001

 

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Gonzalo Alvarez

Dos principios sustanciales informan la realidad constitucional de todo Estado que pretenda ser democrático.Donde no hay separación de poderes,no hay Constitución.Donde no hay control del poder no hay democracia.Para escapar del miedo a la libertad constituyente de los administrados españoles,se juntaron por consenso monárquico-borbónico,con un pacto secreto de olvido del pasado,los franquistas y los partidos traidores de la oposición,para repartirse los intereses y ambiciones que genera el Estado.Aquel pacto de reparto-la Transacción- fué el meollo de la Ley Fundamental borbónica y del actual sistema electoral proporcional de listas de diputados de partido.La Transacción fué el ánimo de los que se oponían a la Ruptura democrática,bajo el absurdo de que se podría traer la democracia a España.

Sergi

No sé si Don Antonio leerá éste comentario. Sin embargo, y sin haber podido leer sus libros aún, me gustaria saber que opina del Anarquismo. Hace poco lleí el libro “Camino de Servidumbre” de Hayek que hablaba de las funciones que debe ejercer el estado, entre otras cosas. Alertaba de los inconvenientes de la economia planificada, y además, manifestaba la contradiccion que se produce, inevitablemente, cuando un organismo burocrático central regula y ordena las actividades de una sociedad. Entonces, el condepto de “estado” debe reducirse a una “ley formal” que arbitre sin saber previamente a quién beneficiara su acción ¿Qué función tiene un gobierno, entonces, si hay una serie de facultades que deben ser públicas, y las restantes dependen solo de ésta ley? No estudio “letras”, mi ignorancia se debe sin duda a las carencias de la educación, aunque supongo que poco a poco iré formando mis ideas. Un saludo y felicidades por todo.

Sergi A. Ochoa

Raúl

Sergi, un saludo. Sé que quieres la respuesta de don Antonio, por supuesto. Pero bueno, por si no lee tu comentario, le he oído hablar algunas veces sobre el anarquismo. Le tiene bastante simpatía, al anarquismo primero, al solidario, no al anarquismo violento sindicalista. Aunque él quiere dejar siempre bien claro, en sus libros y en sus conferencias, que su movimiento para la República Constitucional no es en absoluto anarquista, aunque el primer paso sea la abstención activa, pues lo que pretende es que el poder sea controlado y que la gente, representada cada 100000 habitantes por un diputado de distrito, que responde ante esta gente, y que le podría echar, sea la que dirija todo a través de representantes verdaderos. Su teoría es fabulosa, muy buena, pero no es fácil. Has de leer bien sus libros, despacio. Después, también es bueno oír todos los vídeos que hay en youtube sobre él. Cuando lo cuenta, lo explica muy bien también. El libro “Camino de servidumbre” es muy interesante, lo he leído. Alerta, sobre todo, contra la intervención estatal en la economía. Un saludo y siento entrometerme donde, quizá, no me han llamado.

Sergi

Faltan accentos, en mi comentario anterior, porque el teclado no funciona y tengo que ir copiando y pegando la letra con el acento. Al final me he cansado…

Sergi

acentos no accentos…madre mía.

Marcos Ana

La dialéctica es como dos vehículos que se oponen frontalmente en una misma recta y cuya síntesis probable sea la colisión de ambos. La dialéctica es la contradicción expresada en el tiempo, pero no de una forma determinista dura, sino débil, en términos de probabilidad y ceteris paribus. Así pues en el ejemplo anterior, cualquiera de los vehículos podría cambiar su trayectoria y evitar dicha colisión, lo cual no es menoscabo para que la predicción realizada en primer lugar fuese absolutamente científica dadas unas determinadas condiciones.

Otro ejemplo de dialéctica serían los sistemas de retroalimentación.