Positivo por corrupción

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La crisis supuestamente provocada por el Covid-19 era la que nadie se esperaba y enseña las costuras del régimen mucho mejor que la catástrofe económica que se llevaba anunciando meses e incluso años. La imprevisión y, sobre todo, el tipo de amenaza propio de una película de Hollywood, han provocado una situación inédita en algunos países y es seguramente la falta de preparación de los gobiernos la que deja al descubierto las particularidades de los diferentes regímenes políticos.

Vemos que, de la clase política española, solo trabajan los jefes de los partidos y un par de manos derechas. Vemos ruedas de prensa en las que se seleccionan las preguntas y los periodistas. Se usa como excusa un estado de alarma que encubre un estado de sitio de facto, se recortan los derechos civiles de circulación y de opinión. Algunas de estas medidas pueden ser útiles, pero también se puede reducir el número de garrapatas de un parque sustituyendo el césped por una explanada de hormigón o prendiéndole fuego sin más contemplaciones. Nadie se atreve a discutir que la cuarentena sea efectiva, y sin embargo es necesario advertir de las consecuencias políticas de la adopción de estas medidas.

EFE – Pablo Iglesias aplaude al rey Felipe VI

Las cámaras legislativas de todos los países se encuentran casi vacías, pero los diferentes sistemas electorales marcan las diferencias en los procedimientos. En España los diputados han delegado sus funciones en cada jefe, que es quien replica y pregunta. Esta circunstancia da la falsa impresión de que los diputados están representados por su líder, algo que ya debería ser inaceptable políticamente. Y, en realidad, lo que se escenifica es algo mucho peor: es el hecho de que los diputados son del todo prescindibles, inútiles, excepto para apretar el botón de votación, aunque sea de forma telemática. Por el contrario, el parlamento inglés ha adaptado sus sesiones para que sus miembros puedan asistir a las sesiones por videoconferencia, para que los representantes de los distritos puedan cuestionar las medidas que puedan afectar a sus votantes. En España no hace falta nada de eso. Los diputados no representan a las circunscripciones por las que figuran como miembros y la prueba de ello es que no tienen nada que preguntar ni replicar, simplemente obedecen. Mientras tanto, los votantes de sus circunscripciones se quedan encerrados en sus casas gritando a la televisión o al vecino para liberar su frustración política.

Lo que salta a la vista ahora más que nunca es que una partidocracia otorga un régimen de libertades verdaderamente frágil. Solamente se requiere que el poder político declare un peligro para poder suspenderlo y su decisión solo reposa en su criterio, dado que la separación de poderes en España es inexistente y los medios de comunicación comprados por el régimen se apresurarían a apoyarlo. Bastaría que el presidente apareciera en los medios declarando una supuesta catástrofe nuclear o medioambiental, la mutación de la polaridad del planeta tierra, una rebelión de aves salvajes al estilo Hitchcock o, por qué no, una invasión alienígena para borrar derechos y libertades por el tiempo que el poder establecido estime oportuno.

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